4:58
Son las 4:58 del sábado 24 de abril. Eso significa que la obra ha sido, y que ha sido un éxito. Un éxito porque se la hemos ofrecido al público y parece que el público la ha disfrutado, un éxito porque algunos amigos han salido realmente encantados, porque alguno se ha emocionado, porque alguno va a repetir, porque gente a la que no conocíamos se ha acercado a felicitarnos asegurándonos con la mirada que hablaban en serio, porque algunos tenían esa mirada de cercanía, porque cada actor/personaje ha conseguido crear un pequeño y efímero club de fans, porque nos hemos sentido mucho más cómodos, mucho más nuestros personajes, porque hemos empezado a ser quien teníamos que ser, porque hemos encontrado pequeños momentos en los que molarnos. Que hayamos creado una obra buena o mala, en un sentido medianamente objetivo, es algo que probablemente tardemos bastante en saber; pero en lo que nos importa esta noche, en ese conjunto de caras, palabras, contactos y detalles que han rodeado a la obra, para nosotros es un éxito.
Y las cañas nunca han tenido tanto sabor, y bailando fatal nunca hemos bailado tan bien, y son las 4:58, y los cuerpos buscan sus camas casi arrastrándose, exhaustos por la experiencia vivida, conscientes de que mañana todo volverá aproximadamente a la normalidad, de que como vueltos de nuevo a la vida, cuerpos nuevos nos esperan al otro lado del sueño, frescos y con leves recuerdos de las sensaciones de hoy, con las emociones listas para empezar de nuevo, y habrá que golpear a la memoria para sentir de nuevo la piel de gallina, para sentir de nuevo las luces del escenario mientras suenan los aplausos, para sentir las miradas. O montar de nuevo los focos, ponerse los trajes, y salir de nuevo a escena a revivir una y otra vez, y millones de veces esa historia con trampa, esa historia que ya sabemos cómo va a acabar.
En cualquier caso, todo será mañana. Hoy la obra ya ha sido.

Aún no hay trackbacks